Saturday, February 24, 2007

Santi

No había escrito desde hace tiempo, debo decir que sí lo he hecho y mucho, pero no aquí, sino a amigos, a personas que me han mandado un pésame por la muerte de mi hijo Santiago, de apenas 17 años. Escribo ahora aquí, como en otro blog, porque el dolor no sale a pesar de estarlo conjurando tantas y tantas veces, porque lo he llorado por todos lados y a todas horas, con cada persona y en cada rincón de su cuarto, acariciando sus últimos recuerdos que se desaparecen y no se me sale porque se pega a la piel, porque se me queda en las manos, porque se me queda en las lágrimas, en los dedos, en los ojos, en cada oración que no puedo pronunciar porque no me sé ninguna, ahí, ahí se queda, ciego, sordo, temblando.
Y sigo aquí, en mi máquina, escribiendo y escribiendo nada, queriendo describir y escribir lo inenarrable, sólo dándole vueltas a las palabras, como en un círculo, lleno de dolor, tratando de asir lo inasible. Porque nadie podría haberlo pensado, nadie podría haber pensado que la muerte llega así, de pronto, en esa convocatoria que uno puede hacer para el suicidio, nadie podría haber descrito que la muerte llega sin preámbulos y que se aferra con fuerza, sin aspavientos, sin decir nada, sola y en silencio, como llegan la oscuridad. Quiero creer que así es. Quiero creer, necesito creer que los seres humanos pueden tomar una decisión que escapa a cualquier orden racional y que de verdad ella delata una soberanía, un sí a la muerte, que mi ser padre ya no valía y que él se escapaba de la vida dejándome sólo su ausencia, esa ausencia que es la del lenguaje imposible. Hoy escribo con ese dolor pegajoso que se queda ahí, agazapado, listo para saltarnos a cada instante en el que la mente se descuida, y nos asalta como rata hambrienta y nos roe y nos llena de mordiscos y de ruidos que se tranforman como un grito enorme. Su ausencia me duele, me duele pensar, me duele sentir, me duele este silencio de mi hijo, me duele esa palabra que nunca sabré cuál fue y que él, sólo él pensó y nunca se escuchará. Me duele su recuerdo, las imágenes que se apoderan a cada instante de mis recuerdos, que se sobreponen a todo. Me duele el pensamiento. He empezado a borrarlo de mi, he empezado a borrar todos los recuerdos que tengo de él, borré su teléfono porque nunca me podré ya volver a comunicar con él, borré su último mensaje porque esas palabras me quemaban, luego borraré su cuarto cuando regale sus cosas. Me duele el llanto, me duele el dolor de no saberlo nunca más, me duelen sus 17 años, me duelen porque él quizá nunca alcanzó a entender cuánto lo quise a pesar de que se lo repetí cientos de veces. Hoy todavía escucho las paletadas de tierra, ese recuerdo del golpe de tierra sobre las láminas de cemento que hacen como un hueco en los ojos, que construyen ese ruido seco y duro como un estilete que se te va metiendo en la carne, en los huesos, hasta volverse un dolor físico. No soporto ese último recuerdo, escuchar las paletadas de tierra, el chirrido de las paletadas sobre las láminas de cemento, y luego ese polvo que se levanta cuando se va echando la tierra sobre la tumba. Me quedé en silencio ¿pues qué se dice cuando se van los muertos? Esto no parece tener fin, y no lo tiene porque apenas acaba de empezar. Hoy empiezo a vivir su silencio, su ausencia, sus recuerdos, sus palabras, sus gestos. Y mi obsesión. Esa última palabra que ya no está, esa última palabra que no sabré, ese último pensamiento que dejó como hoyo en la memoria familiar.

¿Cómo hago para que las palabras se hagan fuertes y no se me doblen? ¿Cómo hago para que las palabras tengan sentido y lleguen a sus oídos y no se conviertan en papel, sólo palabras de papel? ¿Cómo hago para que las palabras no sean como el agua que no puedes atrapara en las manos y se te escapan y se te convierten en un torrente que te inunda pero de llanto? Hoy, a casi un mes de su ausencia escribo todo esto para que me escuchen, para que me oigan, para que me atiendan y se queden sin palabras porque esto no tiene palabras.

6 comments:

Marie de Laos said...

Cada palabra se ahoga en tu tristeza. Pero el sueño debe tranquilizarte aunque después te despierte el mismo pensamiento y ninguna mano lo pueda quitar, ninguna frase tampoco, en este momento no hay alivio. Dejas sin palabras a cualquiera, pero me resisto a no tener palabras. Me resisto a no escribirte mientras siga viva, mientras exista este halo de vida que me empuja y me toca y me inclina las lágrimas. Me estremece cada vellito de mis brazos pensar en todo ese cariño acumulado que tendrás que guardar y que nunca más podrás dárselo, porque ¿qué puedes hacer con ese amor?
Guardarlo en el corazón, no lo podrás limpiar como las lágrimas de tus ojos, ese amor estará ahí y el tiempo, pero el tiempo, ¿cómo creer que el tiempo trae alguna cura? Si es el paso del tiempo el que trae esa amarga ausencia, porque es el tiempo el que deja al descubierto que no estará nunca más y el paso de los días.
Nadie nos garantiza la vida. No sé entonces cómo nos podemos acostumbrar a la presencia de alguien. Pero sucede, estamos acostumbrados a que ahí estarán las personas. Me pareció muy fuerte lo que escribiste en tu blog, porque me hace temblar la idea de que el recuerdo de Santiago vaya quedando en lo más hondo de tu ser hasta que también muera. La simple idea me deja muda, me lleva a cerrar los ojos y tratar de dormir, como si ahí pudiera encontrar alguna respuesta. Pero.
No, no hay respuestas. Es tonto seguir hurgando en un lenguaje que no existe, enfrentarnos a la muerte es el camino de “no hay nada por decir”, pero tendría que decirte todo, saciar esa necesidad de hablar el dolor, esa pequeña palabra que guarda tantos recuerdos, que persiste al tiempo, ése que no curará por más que el lugar común lo diga en la boca de todos, porque el alma no se cura, el alma tendrá que sobrevivir, tendrás que seguir vivo y acomodar la ausencia de Santi y llorar y escribir.
Te quiero y te abrazo.

Hipatia de Alejandría said...

Mi entrañable amigo:
Mi hija pequeña, Helena, tiene 17 años. También escribe; en libro de arena abrió un blog titulado La Navaja de Okcham. Ella va dejando sus pensamientos,las impresiones que le causa el mundo, su rastro de miguitas para que otros las sigamos.
Amigo, Santi también ha dejado su rastro, en sus pertenencias, en sus escritos, en sus elecciones, en tu mente, en tu corazón, en los 17 años que estuvo a tu lado. No te abandones, por favor; guarda su recuerdo como un tesoro, como el tesoro que fue y sigue siendo. Santi existe. Al compartir tu sentimiento has sembrado una semilla suya en nuestros corazones y nuestras mentes. Déjame acompañarte en el tránsito de tu dolor, para recordar 17 años de historia que han dejado tanta huella. No renuncies a sus cosas, no renuncies a él. El dolor que sientes ahora se transformará en un sentimiento dulce.
Recibe un fuerte abrazo.
Mar

Andenken said...

Gracias
Tendría que construir una nueva palabra para que ella dijera lo que siento cuando leo estos comentarios. Sí, el dolor no se comparte, es intrasferible, es íntegro para cada quien, ni siquiera se disputa por él, nadie lo quiere y por eso llega como un bosque de sombras. Ya he comentado que yo me he sentido caminando en la cuerda floja y que por momentos creí que al caer no habría nada que me salvara de la caída. No es así, entiendo ahora cuál es el efecto de esas palabras y de esos amores que se vierten en momentos de enorme pesadumbre: formar una red para quien caiga no se lastime. Me conmueve escuchar palabras, sentir el abrazo tierno, la carica perfecta, las lágrimas que se mezclan con las mías, el dolor compartido o la evocación de esos dolores que se quedan en la memoria. Igual me conmueve el que muchas personas quieran apropiarse del dolor, hacerlo sustantivo, personal, protagonizarlo. Me sorprende todo, el hecho mismo de despertar cada día y sentir que el aire se mete en mis pulmones y me diga: ¡estás vivo! Es como una oración matutina. Pensé que no sabía ninguna, no, me equivoco otra vez, sí, el agradecer es ya una oración, el saber que a una enorme distancia existen personas como tú Hipatia, que estás siempre dispuesta a dar algo de ti, o como Marie que ama incesantemente, sin mesura. ¿Cómo no agradecer el estar vivos?

Arcana said...

Andenken, una ocasión escribía Marie diciendo, escribo para no sentir miedo, también se puede escribir no para no sentir dolor, sino desde el dolor, buscando darle una expresión y un nombre a lo que no se puede nombrar. No existe en nombres para los padres que pierden a sus hijos, porque es algo que escapa de la lógica, del sentido común, porque nos enfrenta a la locura.
No puedo sentir lo que sientes, pero lo puedo entender, y creo que es el dolor más grande que un ser humano debe soportar. Tienes razón, apenas empieza todo esto, y será largo y será doloroso, y será como tu mismo lo dices, el sentimiento de un sobreviviente como lo somos todos.
No tuve fuerzas para comentar nada ayer que te leía, sólo me quedé pasmada, viendo los muñecos de peluche y llorando, llorando por la ausencia de esas manos que alguna vez los acariciaron.
Te acompaño en este trance aunque sea de lejos, aunque sea con mi humilde sentimiento.

Royal Majesty Queque said...

Nunca sé cómo comenzar un comentario de este tipo. Debe ser porque, al final, aunque decimos que entendemos al que tenemos a nuestro lado, la verdad es que uno jamás es comprendido al 100%. Sin embargo, no me gusta mucho ese argumento porque es ponerse como escudo un subjetivismo que al final no nos dice nada y quedamos en las mismas.

Lo que puedo decir es que comprendo (en un atisbo) lo que es la ausencia de alguien. Conozco en cierta manera ese vacío que permanece en el corazón. Sin embargo, ante todo esto, hay que ser fuerte y seguir. Seguir y acomodar las cosas en la vida hasta que todo regrese en los niveles de normalidad, si es que la vida misma puede llegar a ese nivel. No sé, gajes de todo este entorno que nos rodea.

Yo sé que eres fuerte, un hombre con estas letras es alguien que demuestra fortaleza.

Un fuerte abrazo.

Hipatia de Alejandría said...

Buenos días, mi querido amigo.
Hoy hubiera querido ofrecerte una imagen luminosa, pero ha amanecido lloviendo: viento y frío.
Pero, mi corazón está cálido Pienso en tí. Camino junto a tí.
Recibe un cariñoso beso.
Mar.