Monday, January 8, 2007

La apertura al mundo

El día en que Copérnico demostró que la Tierra estaba suspendida, flotando en el espacio, en ese vacío doloroso que increpaba las mentes más serenas de ese momento histórico, la humanidad entera vaciló: el ser humano fue presa del pánico ante la idea de caer en el vacío y desaparecer en un infinito hoyo negro, nada se sabía de los agujeros negros, ni de las galaxias, ni del espacio infinito, que conste. Desde entonces, los hombres sólo aspiramos a recuperar un manto protector, el que sea, algo parecido a la matriz maravillosa y serena de la cual salimos. Tanto, que toda obra humana tiende a reconstruir esa forma original. porque la dureza y fortaleza aparente de nuestras vidas se nos escapan. Somos tan frágiles, tan insensatamente débiles y desprotegidos que no podemos con ello en nuestro pensamiento. Los latinos inventaron tantas cosas para cicatrizar esa herida, hablaron tanto que con palabras quisieron acallar el espanto de la muerte. Al final siempre quedaba la máxima de Cicerón: Moriture Delio, moriture: morirás Delio, morirás.
No queremos morir, eso es indudable, a pesar de todo queremos neciamente pervivir, pero no en el recuerdo, ni en los otros, sino uno aquí, hoy, mañana, pasado mañana, todos los días, afanosamente, sin concesiones.
Somos seres condenados a la fuga hacia adelante, hacia eso que alguien llamó maravillosamente "la apertura al mundo".

0 comments: